Creadsa | El tiempo pasa volando
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El tiempo pasa volando

Cuando quieres darte cuenta el tiempo se ha ido y no vuelve. La infancia se esfuma, la juventud pasa muy rápido y ahora, en la madurez, en un abrir y cerrar de ojos, me encuentro con que mi hija tiene trece añitos y mi hijo quince; su niñez va quedando atrás para dejar paso a otra etapa, no mejor ni peor, pero nueva y diferente. Estamos tan sumergidos en nuestro día a día, en sacar el negocio/trabajo adelante, que nos olvidamos por completo de lo que el día nos regala. Es necesario más tiempo para vivir, respirar, disfrutar; debemos llenar nuestros días de nuevas experiencias y sensaciones, viajar, variar las aficiones, aprender nuevas cosas; en definitiva, generar nuevos recuerdos, aunque sé por experiencia que no es fácil.

El otro día leí una historia antigua que hablaba de un sabio que, por sus conocimientos y por su fama, irritaba al rey. Un día el monarca decide conocer al sabio del que tanto hablaban. Cuando lo vio, lo primero que le preguntó fue la edad, por aquella creencia de que la sabiduría se logra con los años.

¿Cuántos años tienes?

El sabio respondió. – No lo sé.

La respuesta enfureció al rey, porque interpretó que el sabio estaba riéndose de él. Y le gritó:

¿Cómo te atreves a decirme que no sabes cuántos años tienes? ¿Te estás burlando de mí?

El sabio respondió serenamente: – No, señor. Ocurre que, a mi entender, los años que tengo son los que me faltan por vivir y no los que he vivido; los que viví pasaron, ya no los tengo; los que viviré son una incógnita. Por lo tanto, no sé a ciencia cierta cuántos años tengo.

Me encanta jugar con mis hijos, pero muchas veces por falta de tiempo y cansancio, se hace complicado. Por eso aprovecho cada experiencia que me encuentro o se nos ofrece. Gracias a Pyfano, el último domingo de septiembre tuvimos una convivencia en la que nos organizaron una actividad de piragüismo. Para ese día pronosticaban lluvia pero tuvimos la gran suerte de tener un gran día soleado. La cita era por la tarde, y nada más llegar nos dieron el equipamiento necesario y unas breves instrucciones de manejo y de seguridad. La embarcación era de dos y yo me subí con mi hija Lucía. Nos montamos y enseguida cogimos el manejo. El contacto con la naturaleza y en el medio acuático ofrecían una sensación de libertad. Los monitores, siempre atentos con las familias que nos iniciábamos a este deporte, nos ofrecían diversidad de juegos: desde ir a coger a otro compañero, hasta poner todas las piraguas juntas y poder pasar de una piragua a otra cambiando de compañero. Fue una tarde repleta de experiencias nuevas, y la rematamos juntos, familias y monitores de piragüismo, cenando en un chiringuito de la zona. Fue una oportunidad excelente de disfrutar de vivencias y personas que no tenemos todos los días a nuestra mano, y la disfrutamos.

Siempre me gusta escribir de lo positivo de la vida, intento disfrutar de cada situación que el camino me pone enfrente, no hace falta que sean grandes eventos, pero sí agradables y con buena gente. A todos nos pasan cosas malas, simplemente debemos afrontarlas y yo intento no quedarme en ellas y centrarme en las cosas positivas. Es normal encontrarse con experiencias, personas y situaciones poco deseables en la vida. La pregunta es: ¿Cómo vas a vivir con ellas? y ¿Qué actitud vas a tomar? Porque eso marcará la diferencia…

salamancaaldia nº12

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