Creadsa | Todo suma, nada resta
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Todo suma, nada resta

El otro día recibía de mi amiga Finuca un escrito del Papa Francisco sobre el ayuno, donde propone quince sencillos actos de caridad. La primera es “ Sonreír, ¡un cristiano siempre es alegre!” y me hizo mucha gracia, porque es exactamente lo que siempre me ha dicho mi madre: “ mantén siempre una sonrisa en tu cara hijo” y, del mismo modo, siempre que ve a mis hijos se lo repite a ellos. Muchos me dicen que tengo una cara muy risueña; quizás algo habrá conseguido mi madre.

Hace poco me invitaron a una presentación de un libro y me encantó la introducción que hizo Natividad Cabezas, la mujer del autor: “Las palabras cuando salen del corazón, llegan al corazón, como no puede ser de otra manera”. No sé si después del último año vivido por un tema personal estoy más sensible, pero últimamente me emociono con estas cosas que aparentemente son sencillas, pero que cuando te paras y lo analizas, te das cuenta de lo grandes que son.

Me encanta la gente positiva, luchadora, creativa…, como Techu, la panadera que está enfrente de mi oficina; se puede decir que es una fiel seguidora de los artículos que escribo en este medio. Pues bien, el otro día hablando del último ‘Pasión por lo que haces’, me encantó el comentario que le hizo su marido: “ vendes las barras con la misma pasión que vendías los pisos”. No pude por menos que reírme. Solamente la veo en ese momento que termino la jornada y voy a comprar el pan, que pueden ser dos o tres minutos, pero durante ese simple acto ya transmite cercanía, amabilidad, apoyo… Yo veo en ella a una luchadora, con el suficiente coraje para creer en sí misma y tirar para adelante.

Podría escribir de mucha gente que últimamente estoy conociendo. Mari Carmen es otra de ellas. Busca sentirse útil y realizada. En la vida no todo es dinero, ante todo es sentirse a gusto con uno mismo y buscar o mantener la felicidad. Todo suma, nada resta, porque hasta de lo malo se puede sacar una gran lección. Mari Carmen mantiene una actitud proactiva, es decir, actitud positiva acompañada de un no parar de hacer cosas; eso sí, haciéndolas bien.

Todos de una manera u otra soñamos con hacer o conseguir algo, pero para un emprendedor soñar es una obligación y una necesidad; siempre tiene que tener a mano un sueño nuevo para no dejar de crecer. Cuando emprendes, tienes que soñar con la capacidad de que lo vas a hacer y, para ello, hay que ser muy perseverante. Hay una frase que leí el otro día: “El emprendedor/soñador nunca saca los pies del suelo, pero jamás deja de mirar hacia el cielo. Va dando pasos firmes escalando hacia la meta”. Pues eso, soñar pero con los pies en la tierra.

salamancaaldia nº4

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