Creadsa | Victor, un valiente
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Victor, un valiente

Todo ocurrió muy deprisa y sin saber lo que se nos venía encima.

Recuerdo ese domingo como si fuera ayer; eran alrededor de las 20:00 y estaba viendo la tele sentado en el sofá tranquilamente cuando Chely, mi mujer, me dice que tenemos que ir a urgencias porque el niño tiene una hemorragia. Nos preparamos todos y dejamos a la pequeña en casa de mi hermana.

Tras cinco horas en urgencias y muchas pruebas, sale Chely con los ojos inundados de lágrimas “quieren hablar con nosotros”. El protocolo dice que el niño tiene que estar en una sala mientras a nosotros nos esperan en otra dos médicos. Nos dicen que el niño tiene un tumor y cómo proceder para comunicárselo a él. Con una calma disfrazada, le explicamos que tiene que quedarse ingresado porque le han encontrado algo y quieren saber más. Uno de los médicos le pregunta al niño si tiene alguna duda y como no puede ser de otra manera, él tiene una ¿Por qué habéis tardado tanto en darnos una respuesta? Mi mujer se queda con él y yo voy a buscar a la niña, al día siguiente hay clase y hay que trabajar. Durante el trayecto nos para la Guardia Civil, control de alcoholemia.

Nos levantamos la niña y yo al día siguiente, desayunamos sin decirnos muchas palabras y dirección al cole. Ese día tenía reunión con el inspector de trabajo y después con los abogados para orientar una demanda que habían puesto a la empresa, entre una reunión y otra, tomo un café con mi tía María Jesús, una de las piezas claves de ayuda para lo que nos esperaba en los próximos meses, se quedaría con la niña. Lucia es una niña muy callada y de su boca tan sólo salía a cada propuesta que le decíamos “vale”, desde ese momento y día a día cuando se quedaba con mi tía, siempre me preguntaba lo mismo ¿Cuándo te voy a ver, papá? Y siempre le decía lo mismo, “yo te voy a buscar al cole y comeremos juntos hija”

Los días se van alargando y tengo que cubrir mi trabajo y el de mi mujer que me ayuda a la facturación, teléfono, recepción, etc… eso me supone tener que trabajar hasta las 22:00 y en muchos casos hasta las 23:00 y 24:00. Cada día, nada más terminar de trabajar, directamente al hospital a ver a la madre y por su puesto a Víctor. Recuerdo esas llamadas de las 22:00  de Víctor diciéndome “papa, vas a venir a verme” algún día no podía y era por cansancio.

Mi hermana, otra pieza clave en este proceso, que ha estado ahí para que Chely pudiese salir a comer con nosotros y pasara un tiempo con Lucía y que al mismo tiempo ha estado ayudándome en la oficina, intentando que no notase la falta de chely… Araceli (abuela), siempre dispuesta y en general toda la familia ha estado para lo que fuera necesario, cada uno dentro de sus posibilidades.

La primera semana pasó muy deprisa, entre pruebas y más pruebas nos iban contando, y sin darte cuenta, los médicos te van preparando para lo que nos venía encima. Recuerdo el día que nos aconsejaron ponerle al niño un reservorio (algo que impediría cientos de pinchazos). Llegamos enseguida al viernes, el día que le  operaron por primera vez, la idea inicial consistía en hacerle una biopsia pero al final pudieron extirpar del intestino delgado el tumor, unos 20 centímetros, todo ello llevó unas cuatro horas de quirófano.

Tras la operación, la noticia: era un tumor maligno. La siguiente semana consistió en la rehabilitación del niño y la continuidad de pruebas y análisis para preparar la quimio. Parecía que todo iba saliendo como se esperaba, pero todo se complicó en la tercera semana empezado ya el segundo ciclo de la quimio. El niño tenía una obstrucción intestinal, esa semana se hizo muy dura al ver a Víctor con tantos dolores. Llegamos al domingo y es cuando nos llevaron a una sala llena de enfermeras y médicos, para darnos la noticia “hay que volver a operar a Víctor, no puede seguir así” sin poderlo evitar y manteniendo la calma, las lágrimas salían de mis ojos y mi mujer me las limpiaba de manera natural, como si estuviéramos solos en la habitación, mientras tanto seguían con las explicaciones de los porqués de la operación y al final me entregan los papeles para firmar la autorización. Tan sólo hubo una condición y la puso Victor; quiere estar en la UCI con su madre en todo momento.

La segunda operación se nos hace más dura, el niño ya está bajo de defensas a consecuencia de la quimio y viene de otra operación reciente. Esta dura más de cuatro horas, los intestinos delgados no se habían colocado adecuadamente y se habían generado muchas bridas naturales evitando que pasara adecuadamente el alimento entre ellas, tuvieron que ir supervisando cada centímetro, quitando brida a brida. En esta operación deciden dejarle un orificio en la barriga y ponerle una bolsa para controlar que no vuelva a suceder. Tres días estuvo dormido el niño en la UCI y otros tantos para recuperarse hasta que la final consiguió salir a la planta.

Los cuatro meses sucesivos transcurren entre casa y hospital de manera tranquila, con algún que otro contratiempo pero controlado. Son muchas las anécdotas que se podrían contar pero la que más me impacto fue cuando Chely escribió un artículo en el periódico agradeciendo al hospital el trato recibido por la planta de pediatría. El caso es que esa carta llego a Víctor, que al enterarse de la noticia le preguntó a su madre: “Mamá, ¿Pablo, Adrián, Diego,… tienen cáncer? A lo que se le respondió que sí, entonces vino la segunda pregunta como si a él no le afectara ¿y se van a morir? La respuesta fue tajante, NO. Es sorprendente cuando a uno le hablan de cáncer lo primero que se te viene a la cabeza.

Hay muchas anécdotas en estos meses, unas muy dolorosas y otras no tanto. Unas impactantes, como el día que otra madre se acerca a mi mujer que esperaba para entrar en la UCI para ver al niño y le dice: “Mi hijo lleva muchas operaciones y hemos vivido muchos cosas, pero tú confía en tu hijo, da igual lo negro que te lo pongan. Háblale y dile que le esperas, que confías en que se va a recuperar y que no esperas menos de él. El te va a escuchar, sobre todo y ante todo confía en él, a mí me han dicho en varias ocasiones que mi hijo no lo superaba, y cada vez que escucho esto me dirijo directamente a su cama y le digo: a mí no puedes hacerme esto, no hemos llegado hasta aquí para que ahora te mueras, así que si quieres vivir ya puedes empezar a luchar por ello”. Madres que llevan más de tres años con su hijo hospitalizado, en fin…

Un día nos llama Luis Miguel, padre de Luisra, uno de los mejores amigos de Víctor, compañero de cole desde los tres años y me propone hacer un acto conmemorativo para Víctor y para niños en sus mismas circunstancias. Nos liamos la manta a la cabeza y a por ello, la razón merecía la pena. Después de un tiempo preparándolo todo, llegó el día, un gran dia lleno de emociones y de caras de sorpresa, de muchas muestras de cariño y de recuerdos de esos que permanecen toda la vida. Un gran día para Víctor y para todos los que tenemos la suerte de estar con él.

Gracias a todos por haber estado ahí en estos momentos difíciles y sobre todo a Víctor, mi hijo, un valiente.

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