En la mayoría de los casos, el dueño de cualquier empresa tiene dotes comerciales y aún más cuanto más pequeña sea la empresa; si no es así, le auguro un corto trayecto en su aventura empresarial. El empresario es el primero que debe saber valorar su producto y saberlo transmitir a sus posibles clientes. Compaginar las dos actividades es muy complicado y hay que aprender a aprovechar el tiempo al máximo, por eso hay que priorizar. Esto último requiere una cierta metodología, debes dejar todos los días un cierto tiempo para planificar, reflexionar para luego saber cómo ejecutar. En mi caso, así lo hago y tengo buenos resultados, pero no todos los días son como uno quiere, algunos días se complican y resulta muy difícil conseguir ese tiempo.

El empresario tiene todo en la cabeza, aún siendo consciente de que uno no es experto en todo. Tienes que pasar de estar en todo a saber delegar,- de esta manera puedes crecer-. ¿Cómo compaginar la dirección con la venta? Pues bien, eso te lo va diciendo la propia empresa, unas veces tienes que potenciar las ventas, pero en otros momentos quizás las cuentas requieren prioridad.

Todo comercial debe conocer las necesidades de cada cliente y para ello debe escuchar y saber preguntar. A veces el cliente no sabe qué quiere y eso crea confusión y frustración, no sólo al comercial, sino al equipo involucrado en la realización del producto o servicio. En mi caso, conozco a varios clientes indecisos, hoy lo quieren blanco, mañana negro y pasado verde; si no adivinas lo que desean lo ven mal y si lo realizas para luego corregir, no valoran tu tiempo de desarrollo. La experiencia me va enseñando a como ir corrigiendo este tipo de situaciones.

El empresario no es un Dios, es una persona que tiene las mismas preocupaciones que cualquier inmortal pero añadiendo las responsabilidades de una buena gestión de empresa. Es una sobrecarga con la que hay que contar y que se tiene que afrontar, cuenta con ello de antemano y después lánzate a la aventura.