Todo el mundo me dice que le doy muchas vueltas a las cosas, y me preguntan si no paro en algún momento. Estoy realizando cualquier cosa y me surgen ideas ¡es mi forma de ser!. Pero, ¿cómo forjo esas ideas, proyectos, iniciativas,…? pues bien, me encanta comentarlas con todas las personas que me rodean y cada una de ellas me aporta una opinión. Me encanta charlar con todos mis compañeros, de hecho todas las mañanas me siento un rato con cada uno de ellos e intercambiamos opiniones. Considero que tener la capacidad de dar tu opinión libremente sobre cualquier tema próximo o ajeno, por muy trivial que sea, es parte importante de la identidad de una persona.

El hecho de exponer y compartir nuestras opiniones con los demás constituye, en sí mismo, un proceso de aprendizaje. Recuerdo una gran experiencia, en mi época de estudiante, cuando tenía 16 años. Tuve un profesor de contabilidad,  Bernardo, éste rompió los estereotipos que tenía sobre la enseñanza, ¡lo que pude aprender de este hombre! Se trata de una persona que incentivaba a debatir, conversar y compartir ideas e inquietudes, a diferencia de otros profesores que en cuanto se suscitaba algún debate interesante o controvertido lo cerraba enseguida si no, “no iba a tener tiempo de acabar el tema”.

El valor de las opiniones contribuye al trabajo en equipo, alcanzando mejores y más óptimos resultados. Se facilitan así la búsqueda conjunta de soluciones y la superación mancomunada de los obstáculos. Todos los trabajadores debemos disponer de oportunidades para aportar nuestros conocimientos y experiencias, y para enriquecernos con la ayuda de los demás. El intercambio de ideas, opiniones, maneras de ver y de sentir, nos permite adquirir una visión más amplia.

El trabajo en equipo fomenta la creatividad, la motivación y el liderazgo colectivo. En él, la responsabilidad personal se transforma en responsabilidad compartida. Cuando has tenido este tipo de experiencias laborales, no ves otro modo de trabajar.