Muchas veces uno se pregunta si para dedicarte a una profesión ¿basta con aprender, o se nace con algo que te predispone o facilita las cosas?, pues bien, a mi parecer lo más optimo es que deben darse ambas opciones. Un oficio primero te debe apasionar y después  aprender mucho sobre él. Yo personalmente no me veo de abogado, por mucho que estudie y practique, incluso lo ejerza, pero siempre me faltaría la pasión.

Considero que todo empresario debe saber comunicar y vender su proyecto. Como experiencia comercial, se podría decir que profesionalmente me llevo dedicando estos últimos cinco años aunque anteriormente, siempre de un modo u otro, he estado vinculado al mundo comercial, pues desde niño me ha gustado este fascinante mundo.

Varias son las vivencias que podría compartir sobre mi experiencia en este tema, y de ello obtengo aspectos importantes a tener en cuenta en las relaciones comerciales: primero la imagen física de ti y de tu empresa, y después tu forma de trasmitir las ideas.

Muchas veces tu aspecto físico y la primera impresión que causes en los demás tienen mucha importancia, antes incluso de pronunciar palabra alguna.
En segundo lugar, el lenguaje no verbal, los gestos, el tono de voz, la actitud y la expresión corporal, tienen un gran peso (simplemente recibir a alguien con la cara sonriente es metértelo en el bolsillo), puedes de esta manera generar cercanía y confianza.

Los que me conocéis sabéis que siempre me gusta acompañar mis explicaciones con materiales gráficos o, en su defecto, papel en blanco y bolígrafo, para plasmar y garabatear al cliente la idea del producto o servicio que quiero ofrecer. Este método gráfico me encanta, porque la gente se queda mejor con el dibujo que con la retahíla de palabras que le haya relatado. Al terminar las reuniones la mayoría me preguntan ¿me puedo quedar con el dibujo?, mi respuesta es siempre la misma ¡claro que sí!.